Los belenes de cueva constituyen una de las manifestaciones más antiguas y características de la tradición belenista mallorquina. Su origen está estrechamente vinculado a la espiritualidad franciscana y a la representación del nacimiento de Jesús que san Francisco de Asís realizó en 1223, en una cueva de Greccio, Italia.
En Mallorca, esta tradición arraigó especialmente en los conventos franciscanos y dio lugar a un modelo de belén en el que la cueva constituye el elemento central de la composición. A diferencia de los belenes de paisaje abierto, estas representaciones recrean un espacio rocoso, a menudo elaborado con corcho, piedras, madera y otros materiales naturales, en cuyo interior se sitúa el misterio del Nacimiento.
Este año esperamos ver uno restaurado
En Mallorca, esta tradición arraigó especialmente en los conventos franciscanos y dio lugar a un modelo de belén en el que la cueva constituye el elemento central de la composición. A diferencia de los belenes de paisaje abierto, estas representaciones recrean un espacio rocoso, a menudo elaborado con corcho, piedras, madera y otros materiales naturales, en cuyo interior se sitúa el misterio del Nacimiento.
Este año esperamos ver uno restaurado